Miguel Ángel Beltrán: pensamiento crítico comprometido con la transformación de la realidad. Reseña del Libro “Las FARC-EP (1950-2015): Luchas de ira y esperanza”.

El presente escrito tiene como finalidad hacer una breve presentación del libro “Las FARC-EP (1950-2015): Luchas de ira y esperanza”, del profesor Miguel Ángel Beltrán Villegas.

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Este libro es de gran importancia para el país en la actual coyuntura, básicamente, por dos razones: en primer lugar, porque es una investigación académica que hace rupturas, tanto con los discursos existentes sobre la insurgencia en Colombia, como con las miradas académicas que sobre la misma se han construido. Sobre este punto volveremos más adelante. En segundo lugar, porque creemos que es un aporte para la comprensión de la historia del conflicto, a partir de un estudio riguroso sobre el carácter político de las FARC-EP y de sus integrantes, lo cual resulta relevante en el actual proceso de implementación de los acuerdos de La Habana.

Es importante recordar la situación en la que se encuentra el profesor Miguel Ángel Beltrán. Desde su secuestro y deportación ilegal en México, pasando por la constante estigmatización en los medios de comunicación; el sometimiento a un proceso judicial con violación de las garantías del debido proceso, además de la destitución de su puesto como profesor en la Universidad Nacional por orden de la Procuraduría. Actualmente, no obstante haber sido absuelto por la Corte Suprema de Justicia en Agosto de 2016, sigue siendo víctima de la estigmatización por su trabajo.

Toda esta persecución adelantada por el Estado, tiene su raíz en lo incómodo que ha resultado para diferentes sectores de poder en el país su labor investigativa en torno a la historia del conflicto colombiano. Son éstas, manifestaciones de la estrategia de silenciamiento del pensamiento crítico, la misma que es responsable de la muerte de 12 líderes sociales entre el 1 de Enero y el 6 de Febrero de 2017[1] y que tiene a más de 7000 presos políticos[2].

Sin embargo, aun encontrándose en las condiciones más adversas, Miguel Ángel Beltrán no ha abandonado su lucha en defensa del pensamiento crítico comprometido con la transformación de nuestra sociedad.

Dos palabras –pensamiento crítico- que sólo cobran sentido cuando, llenándolas de contenido, nos encontramos con la capacidad de interrogar nuestra realidad y hacer rupturas con las formas de pensamiento y de construcción de conocimiento que se nos han implantado, mostrando sus sesgos y limitaciones. En este sentido, son tres las rupturas que queremos resaltar de dicha obra.

La primera tiene que ver con la capacidad narrativa: poner en términos asequibles una historia que ha sido objeto de múltiples disputas políticas, sin perder su rigor investigativo. La disputa por el lenguaje no es menor. Antiguamente, se usaban idiomas desconocidos para el grueso de la población como medio de exclusión, que permitía reservar el conocimiento en grupos privilegiados. En la actualidad, la circulación de la producción científica está regida por lógicas de mercado que la limitan, además de enfrentarse a la pérdida del espacio y tiempo, la historia y la geografía como anclajes necesarios con la realidad.

La segunda, es una ruptura con los discursos hegemónicos que han imperado sobre los orígenes y desarrollos de esta insurgencia armada. Posturas que, escondiéndose en una supuesta neutralidad académica o periodística, parten de un juicio moral apresurado que no permite comprender los fenómenos que hacen parte de la historia de este país. Abordar un tema tan complejo desde premisas valóricas individuales que desconocen el contexto histórico de los acontecimientos, es solo una manera “inocente” -nótense las comillas- de perpetuar la guerra y las condiciones que originan el conflicto social y armado.

Las construcciones que emanan de estos dos medios van desde hablar de una guerrilla que tiene sus orígenes en un contexto de profunda desigualdad, pero que ha perdido sus referentes políticos e ideológicos, apartándose de ese origen justo y de las problemáticas del país en general; hasta los calificativos como bandoleros, terroristas, etc. que no son nuevos, y aparecen cada vez que se necesita descalificar al opositor frente a la población en general, despojándolo retóricamente de su carácter político e incluso de su humanidad, convirtiendo al enemigo en un ser infame que difícilmente puede ser concebido como un ser humano y, por lo tanto, debe ser eliminado.

Dichas posturas emanadas de la academia y los medios de comunicación no nacen y mueren en sus respectivos nichos; tienen la capacidad de convertirse en sentido común permeando la cotidianidad de las personas. Por esto, es común encontrar estas posturas en el grueso de la población, lo que constituye un problema en un país que busca la salida de un conflicto armado que no necesariamente entiende y dimensiona. La construcción de paz y la posibilidad de mediar los conflictos latentes de la sociedad necesita de procesos de desnaturalización de este tipo de discursos; por esto, investigaciones que se atrevan a salir de estos lugares comunes de los discursos dominantes, son fundamentales.

La tercera ruptura, es una ruptura metodológica. La instrumentalización que comúnmente se realiza de la investigación social -y probablemente de la investigación en general- deja de lado que está implica una postura epistémica sobre cómo abordar la realidad, cómo concebimos la investigación y bajo qué premisas políticas y filosóficas vamos a desarrollar estos procesos de lectura. Estos factores no están ausentes de ningún proceso investigativo, y dejarlos de lado corresponde a adoptar los valores hegemónicos, debido a la inercia misma del sistema. Hacerlos conscientes, por otro lado, posibilita la toma de postura y el anclaje con una realidad que afecta a quien escribe, lo que le da la posibilidad de interrogarla.

El uso amplio de fuentes, incluyendo testimonios y documentos que normalmente quedan por fuera del análisis -como lo son los resultados de las conferencias de la insurgencia y sus estatutos internos- posibilita una construcción dialéctica del conocimiento, en cuanto se logra partir de los discursos imperantes -los referidos en la segunda ruptura- y desarrollarlos hasta evidenciar sus ausencias y limitaciones. No en vano, cada apartado se plantea nuevas preguntas que ponen a prueba la capacidad de explicación de diversos autores, sin dejar de lado sus aciertos, se retoman los vacíos construyendo esta narrativa que caracteriza el libro y logra profundizar en las relaciones que intervienen en el proceso de constante formación de las FARC- EP.

Finalmente, es de resaltar al interior de esta ruptura que hemos mencionado, el rescate del sujeto y su importancia en relación con las estructuras que actúan sobre el mismo; la conformación subjetiva de los militantes de esta insurgencia armada, sus discursos y relaciones entre sí y con su dirigencia. Recuperando una visión humanizada de los combatientes, paso necesario para desligarnos de los descalificativos de terroristas, bandoleros, criminales, y acercarnos a su complejidad, más allá de idealizaciones o posturas reaccionarias.

Las anteriores consideraciones nos permiten volver al inicio de esta reseña, retomando la importancia que tiene el conocimiento de las FARC-EP, y en general, del conflicto, en un momento como el actual, en el que se discute sobre la posibilidad de finalizar el conflicto armado y construir la paz.

En efecto, los diálogos que en La Habana sostienen el Estado colombiano y las FARC-EP, se constituyen en un proceso que define la actual coyuntura política del país. En este escenario, la investigación de Miguel Ángel Beltrán adquiere una gran  importancia, toda vez que nos invita a pensar en el presente y el futuro de Colombia.

Pues bien, si tomamos en serio lo que nos enseña el libro, es preciso reconocer que de lo que se trata no es tan solo de resolver la situación jurídica de los insurgentes, sino, y sobre todo, de la transformación de las condiciones sociales que hacen que el alzamiento en armas sea una opción.

En ese sentido, tendremos que concluir que, tal y como lo han expresado las distintas manifestaciones del movimiento social, mientras que no se transformen las causas de la guerra, será imposible pensar en la construcción de un país en paz.

Es esta misma razón la que nos permite comprender la verdadera dimensión de los debates relacionados con la implementación de los acuerdos. Los esquemas de desmovilización y reinserción que han sido estructurados por el Estado, son insuficientes en cuanto niegan el carácter político y las apuestas de futuro de las FARC-EP y los sujetos que en ella militan. De lo que se trata es de brindar garantías para la acción política, de tal manera que proyectos políticos alternativos sean posibles sin el riesgo de ser perseguido, estigmatizado, exterminado.

No quisiéramos terminar este texto sin hacer una doble invitación: en primer lugar, a leer el libro de Miguel Ángel y abordar las discusiones que nos propone. En segundo lugar, a reconocer en  Miguel Ángel un referente de compromiso con el pensamiento crítico que va más allá del slogan fácil y que está realmente comprometido con las transformaciones que Colombia necesita para la construcción de una paz con justicia social y democracia.

 


[1] http://www.pares.com.co/paz-y-posconflicto/lideres-sociales-asesinados-en-colombia-en-2017/

[2] http://www.pasc.ca/fr/node/2887